La tendencia actual de mostrar al mercado las certificaciones de calidad que la empresa ha obtenido está provocando, en mi opinión, que muchas de las personas que componen la empresa se vean afectadas por una forma de estrés que tiene su origen en, al menos, dos circunstancias:
a) En muchas ocasiones la certificación se obtiene sin que la mayor parte del personal haya participado en la definición de la misión y valores, lo que hace que su identificación con el proyecto sea muy baja. Además, quienes construyen el manual de procedimientos pueden caer en un exceso de normativización, es decir, crean procedimientos que no responden a necesidades del proceso real. Esto, a su vez, provoca que algunos miembros de la organización perciban la calidad como un esfuerzo más a añadir a su carga laboral diaria.
b) La formación que debe ir asociada a todo desarrollo laboral se limita, en este campo, a unas pocas horas de charlas y a la entrega de un manual para que, quien quiera, lo lea. También aquí hay que mencionar que existe la moda de crear departamentos de calidad que, en la mayor parte de los casos, acaban por adoptar modos de control en lugar de prácticas de ayuda.










